¡Hola
amig@as! Primero agradeceros vuestras cartas y comentarios de felicitación por el éxito de la obra... Gracias, sois maravillos@s. Como sabéis, siempre intento que mis post sean un jardín lleno de flores y energía positiva, me gusta hacer felices a quienes visitan este blog, que olviden por un
instante los problemas, dejen la tristeza en el congelador y se resguarden de
la tormenta que nos acucia, de esa maldita crisis que se desliza
silenciosamente y entra en las casas. Sí. Para muchas personas, quizá la mía
sea una postura superficial. Nada más
lejos de la realidad. Sólo creo que, en medio del huracán, necesitamos
respirar, evadirnos de las sombras, sonreír, ilusionarnos con minucias. Soñar.
Hoy
quiero hablar de ese monstruo de grandes tentáculos que amenaza cada día campos
y barrios, casas y tiendas, caminos y nubes: la crisis. Pero lo haré de la
única forma que conozco. Con un cuento. Lleva por título “El hombre que lanzaba piedras al lago” y comienza así:
"Érase
una vez país muy lejano donde, tras años
de opulencia, llegó una gran crisis económica que asoló a sus habitantes.
-¡Estoy hasta los cojones!- Gritaba apesadumbrado el joven Zac Efron, famoso por
su larguísima cabellera desastrada- ¡En
el paro, sin amor, sin ilusiones, sin esperanza, sin ganas de nada! ¡No existe
solución!... ¡Y no pienso lavarme la cabeza jamás!
Efectivamente.
La situación en aquel lejano país era desastrosa, y el pelo de Zac también. Tan
terrible era la crisis, que los políticos habían decidido convertirse en
payasos y sólo comparecer para hacer números cómicos: La presidenta se había
especializado en el clásico número de la tarta en la cara y el ministro de
economía interpretaba magistralmente la canción “El señor conductor no se ríe” a base de eructos. Gracias a estos gags desternillantes, el equipo de
gobierno se iba librando de unas elecciones anticipadas.
Un
día, mientras Zac se lamentaba camino de casa, se topó con un grupo de personas
que curiosas observaban un cartel. En él se podía leer:
“¿Estás
desilusionado? ¿Triste? ¿Sin esperanza? El hombre que lanza piedras al lago
tiene la solución”
-¿El hombre que lanza piedras al lago?
¡Otro timador que viene a tomarnos el pelo, pobres infelices! ¡No hay solución,
no os hagáis ilusiones!– Gritó Zac. Y protestando,
regresó a su casa para seguir lamentándose por su desgraciada existencia
mientras se rascaba la cabellera. Pero de pronto, pasados unos días… el joven comenzó a
percibir una extraña sensación: a su alrededor, la gente parecía más feliz, como si tuvieran... ILUSIÓN.
-¡Que día tan maravilloso!- Exclamaba su vecina al plantar en su jardín
tomates de rama. Y mientras colocaba el cartel “También vendo tartas de alcachofa”, el panadero del pueblo cantaba
sin cesar. Hasta la peluquera, que no peinaba a nadie desde hacía 17 años,
abría las puertas de su establecimiento dando pequeños saltitos de alegría y
cambiando el escaparate de lacas por uno de preciosos jabones artesanales con
aromas a coliflor, patatas a la Riojana y torta del Casar. Sí, todos parecían más
felices. Todos menos Zac.
-Deberías ir a ver al hombre que lanza
piedras al lago. Él te podría ayudar.-
Díjole su primo Mario Casas intentando consolar al muchacho.
-¿Pero que hace ese hombre que os lava
el cerebro? ¡¡¡Si este país se va al carajo!!! ¿Tú has visto la tele? ¿Has
escuchado a los contertulios de política? ¿Has leído los periódicos? ¡Es para
pegarse un tiro! ¿Qué os ha dado ese tío?
-Debo guardar silencio. Es una de las
normas del hombre del lago, deberás ir tu mismo para saberlo… Y lávate la
cabeza, porfi.
Pasaron
los días, las semanas, los meses. Y poco a poco, el lejano país se fue tiñendo
de alegría y esperanza para sus gentes. Pero Zac, continuaba sin acudir al
lago. Hasta que un día, se decidió y fue hasta allí.
-Hola Zac, te estaba esperando. Eres
el único habitante del país que no había venido a visitarme...- Díjole al muchacho mientras tomaba su brazo y se
acercaba a la orilla. El hombre tenía una poblada barba, lucía unos pantalones
atados con una cuerda y una roída camisa de cuadros. Sin duda, no era un hombre
rico. -Zac, una pregunta: ¿estás realmente
convencido de que quieres recuperar la ilusión y la esperanza?
Tras
una breve pausa, Zac afirmó moviendo la cabeza.
-Lo sabía, de lo contrario, tú no habrías
venido jamás hasta aquí. Has logrado el primer paso para conseguir tus deseos. Zac,
quiero que observes este precioso lago. Ni una ola, sus aguas están quietas,
nada se mueve… Fíjate, es como un espejo…
Y
cuando Zac se había concentrado en la quietud de aquel lago, el hombre cogió
una piedra del suelo y la lanzó con todas sus fuerzas. Entonces, cuando la roca hizo contacto con la superficie, decenas de ondas aparecieron de la
nada, ondas que llegaron hasta la orilla, que mojaron los zapatos de Zac, que
despertaron a unas pequeñas ranas que dormían entre las hojas y revolucionaron
a las mariposas que se posaban sobre las flores. Hasta un grupo de martines
pescadores echaron a volar. En unos instantes, todo se había puesto en
movimiento. El hombre que lanzaba piedras al lago miró a Zac, que permanecía con la vista fija en
aquel maravilloso espectáculo.
-Querido Zac. La vida es un lago, y tú
eres el encargado de tirar la piedra. Un solo movimiento y todo el mecanismo de
la vida se pondrá en funcionamiento. Aunque no suceda ahora, esa onda que ha
provocado tu piedra, llegará a la orilla en algún momento y modificará el
paisaje de tu vida, has de tener paciencia. No basta con lamentarse desde la
orilla. Toma- El hombre le entregó
una bella piedra de color piedra.- Esto
te hará recordar que eres tú el que ha de poner en movimiento tu mundo. Y te
prometo que las ondas llegarán. Ahora tengo que partir, me esperan en Chipre, en
Italia, en Portugal, en Grecia, en Irlanda, en Francia…
Así,
sin dejar de hablar, el hombre que lanzaba piedras al lago se alejó por el
camino desapareciendo entre la espesura.
Pasadas
unas semanas Zac decidió lanzar su piedra y lo primero que hizo fue lavar y
cortar su larga y desastrada melena. Pronto la hija del frutero se fijó en él y
en unas semanas se enamoraron, de este modo conoció al tío Genekelly, un
criador de chihuahuas enanos que necesitaba alguien de confianza para darles el
biberón. Como regalo por su buen trabajo, regaló a Zac una perrita preciosa con
pedigrí que ahora es Miss Chihuahua mundial y hasta tiene su propia firma de
cosméticos que se venden de maravilla en la China. Sí, la piedra de Zac, surtió
efecto, sólo había que lanzarla… Y colorín colorado…".
Sí
amig@s, probablemente existan muchas personas que lo han intentado todo para luchar contra la crisis, no ven resultados, y esto provoca que la desesperanza se instale
en sus vidas. Pero perder la ilusión el lo más cercano a la nada. Mientras no
nos lo impidan, tenemos que seguir tirando piedras al lago… ¡¡¡Las que haga
falta!!! Suerte amig@s. ¡Os espero en Twitter!
@bilbao_idoia