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martes, 3 de julio de 2018

LA SOLUCIÓN A LAS ROZADURAS



En esta caja tengo la solución a uno de esos problemas cotidianos que tiene muy poco glamour pero que nos afecta a muchas mujeres. No es ninguna broma, hay personas que se ven imposibilitadas de poder andar con libertad a causa de las rozaduras, algo para lo que existen soluciones, pero que implica encontrar la que mejor nos vaya. Efectivamente, si hay algo durante esta época que resulta realmente molesto para las mujeres con talla grande, es la fricción y las irritaciones. Caminar por la playa después de un baño es como si te arrancaran la parte interna de los muslos con una tenaza rusa. Polvos talco, hidratantes, bandas, desodorante roll-on… Existen muchos trucos y consejos, y os aseguro yo los he probado todos… hasta encontrar el que mejor va conmigo. Enumeremos algunas de las astucias con las que he experimentado y NO me han funcionado.




No sé como los guionistas de las películas de acción no han pensado en la faja como un elemento infalible de tortura. Yo si me tengo que vengar de un villano súper malo, lo primero que haría sería ponerle faja y mandarlo a un evento veraniego en el centro de Madrid. Sí amigas, para el tema de la fricción, la faja es el clásico de todos los clásicos, una maravilla si lo que quieres es cocerte como una nécora. Y si a eso sumamos que a los tres metros caminados se recoge en la entrepierna estrangulándote la femoral, podemos descartarla como la prenda más chic del 2018. No, en mi caso NO FUNCIONÓ.


Con los polvos talco he logrado caminar un par de metros más, logrando llegar desde el baño a la sala de estar sin sentir escozor. A pesar de ser una solución a corto (muy corto) plazo, su efecto dura poco, lo que te lleva a parar entre los coches para aplicártelo y seguir andando. Ni se te ocurra llevarlo a Coachella, lo mismo te pillan los fotógrafos y te cargas tu imagen de influencer super guayer. NO FUNCIONÓ.


Otra opción similar a la faja es el culotte. En este caso, no hay peligro de que oprima nuestra femoral y deje de llegar el riego sanguíneo a la cabeza, pero dejarás de ser la más elegante de tu barrio. Además del cocimiento integral, da igual que te lo compres súper grande para estar más cómoda, esto es peor: se recoge y es necesario recolocar la entrepierna cada 30 segundos. Algo parecido me sucede con las bandas elásticas… A pesar de su éxito entre muchas mujeres, en mi caso es un drama: muy monas, pero con la fricción, terminan convirtiéndose en un sofisticado rollito que solo puedes desenrollar en el baño, algo muy engorroso sobre todo si estás haciendo el Camino de Santiago. NO FUNCIONÓ.   


Os preguntaréis ¿Pero a esta señora qué cáspitas le ha solucionado el problema? Esta instantánea de servidora sonriendo en plan comercial ochentero os da la respuesta. Después de probar todo tipo de cremas hidratantes, pomadas, desodorantes y seguir los consejos de las mejores curvytubers, me quedo con LA CREMA ANTI FRICCIÓN APTONIA. De venta en DECATHLON, esta loción ha supuesto un antes y un después en mi relación con el verano: puedo andar sin tener la sensación que alguien me ha rociado de ácido los muslos. Las que me seguís habitualmente, sabéis de mi devoción por los vestidos, prenda que durante mucho tiempo me he visto obligada a dosificar. Ya no, esta crema de APTONIA me dura durante horas y con apenas dos aplicaciones al día, estoy libre de rozaduras.

Espero que os haya servido de ayuda mi pequeño y necesario truco para la vida diaria de la mujer moderna. ¿Vosotras también lo habéis probado todo? ¿Qué truco es el que mejor resultado os a dado? Espero que, si aún no la conocías, te solucione el problema de la fricción veraniega... Hasta pronto, os espero en mi IG @idoiabilbao, ¡Feliz verano!

martes, 10 de abril de 2018

YO SOY ASÍ


Es curioso como sigue existiendo en la mayoría de la población esa idea de que las personas con talla grande se pasan el día enganchadas a un donuts relleno de Nutella. Es una idea tan descabellada como pensar que alguien excesivamente delgado es así porque solo come hojas de apio.  Absurdo.

No cabe duda que una alimentación inadecuada en uno u otro extremo,  puede provocarnos problemas de salud. Muy lejos de que nos quede mejor o peor una falda. Por eso ante todo, tenemos que cuidarnos, alimentarnos y vivir de forma saludable... Yo no me como un cruasán desde 1978. Es más, ya no recuerdo cuando fue la última vez que me zampé los tres platos de un menú. Y no me refiero a ensalada mixta, pechuga a la plancha y dos mandarinas. Hablo de ese menú tradicional de pizarra a pié de calle: patatas a la riojana, solomillo de cerdo y tarta tatín. Ese gastrodespliegue  tan habitual para algunos, desapareció de mi vida hace medio siglo. Y de la vida de muchas mujeres con una XXL. Porque, a la postre (y nunca mejor dicho), ese festival del colesterol ejercido de forma continuada, no es sano para nadie. Por eso, cuando veo una viñeta que intenta caricaturizar a una mujer gorda, y la muestra comiendo un enorme pastel con sus azúcares añadidos, sus hidratos y sus grasas saturadas, me entran sudores fríos.  Aunque alguien crea lo contrario, hace mucho que decidí hacer una vida sana: intentar cuidar mi alimentación, andar diariamente, alejarme del estrés y no tirar los envases de plástico en el contenedor orgánico.  Pero yo jamás seré una mujer delgada. Eso no significa que fomente la obesidad: ante todo intentaré mantenerme en el peso idóneo, haré más o menos deporte y elegiré los mejores productos bio del mercado de abastos, pero la realidad es concluyente: YO SOY ASÍ.
Y sí. Supongo que los habrá felices con una dieta basada en pasteles industriales, paquetes de patatas fritas y bocadillos de chorizo de cantimpalo, pero el sobrepeso no solo viene dado por estos particulares. Hay muchas personas cuyo físico está condicionado por un asunto genético, por enfermedad, o simplemente  porque lo suyo es así de serie.  Nada tiene que ver con comer mierdas sin freno o engullir comida para tapar vacíos existenciales y justificar problemas no superados. Simplemente SON ASÍ. Y ya.
A todas las personas que día a día sostienen una titánica lucha para conseguir su peso saludable, enhorabuena. Aunque el señor que se sienta a tu lado en el metro esté convencido de que cada tres horas te metes un cochinillo asado entre pecho y espalda… Ni caso, el pobre no sabe que tú, ERES ASÍ.



Por cierto, la tartita del shooting estaba exquisita... Mientras me hace la digestión, ya sabéis que os espero en mi IG @idoiabilbao ¡Hasta pronto!